Caravana de la Muerte: cuando la cobardía y el odio se hacen verbo, y existe un Sergio Arellano Stark para llevarla a cabo.

Caravana de la Muerte: cuando la cobardía y el odio se hacen verbo, y existe un Sergio Arellano Stark para llevarla a cabo.

marzo 9, 2016 Desactivado Por Radio Natural

caravanadelamuerteTranscurrían los primeros días de la larga noche que cayó sobre Chile durante años, y la orden de parte de los sediciosos recientemente llegados al poder era clara y perentoria: exterminar a los opositores. Orden emanada y cuajada desde el odio y la cobardía de quienes se sienten poderosos sólo con un fusil entre las manos.

En este marco, y con un desprecio absoluto por la vida de quien pensara distinto a ellos, apenas perpetrado el golpe de estado y asegurada la muerte del Presidente Salvador Allende, el genocida Augusto Pinochet delegó directamente al general Sergio Arellano Stark la macabra misión de aleccionar a los militares de provincia sobre como debían tratar a los ex dirigentes de la Unidad Popular, la cual fue llevada a cabo con saña y de forma sanguinaria: La Caravana de la Muerte.

El grupo de cobardes conspirados para ejecutar el plan, partió desde el aeródromo Tobalaba el 30 de septiembre de 1973, a bordo de un helicóptero Puma del ejército, cuyo recorrido inicial fueron ciudades del sur de Chile: Rancagua, Curicó, Talca, Linares, Concepción, Temuco, Valdivia, Puerto Montt y Cauquenes. A su paso dejaron 26 personas muertas. El regreso de la caravana a Santiago fue el 6 de octubre.

En el norte de Chile la misión partió el 16 de octubre de 1973, recorriendo las ciudades de La Serena, Copiapó, Antofagasta, Calama, Iquique, Pisagua y Arica. El saldo de muertos fue de 71 personas. El regreso definitivo a Santiago tuvo lugar el 22 de octubre de ese año.

Los asesinos actuaron desprovistos de toda humanidad, ciegos por la ideología de ultraderecha anticomunista. En varias ocasiones hirieron a los detenidos con corvos antes de fusilarlos. Posteriormente las víctimas eran enterradas en tumbas sin inscripción.

Años más tarde, cuando se preguntó al ex general Joaquín Lagos Osorio -Comandante de la Primera División del Ejército y Jefe de Zona en Estado de Sitio en Antofagasta- por qué no se habían entregado los cuerpos de los ejecutados a sus familias, Lagos explicó que le avergonzaba se descubriera la barbarie con que oficiales asesinaron a los 14 prisioneros de Antofagasta.

Los restos de algunas de las personas asesinadas fueron encontrados en 1990, en una fosa ilegal al norte del kilómetro 16 y medio de la ruta que une Calama con San Pedro de Atacama, sector donde actualmente se levanta un memorial.

Los ejecutados en nuestra región.

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